domingo, 27 de febrero de 2011

La voz del cuento

Escribe Gustavo Martín Garzo:

"Cuenta Edurora Welty, la gran escritora norteamericana, que en Jackson, la pequeña población sureña en que pasó su infancia, se consideraba una afrenta a los vecinos partir de viaje o excursión con un asiento vacío en el coche, por lo que cuando esto sucedía se invitaba a alguien a acompañarles. Las excursiones solían ser los domingos por la tarde y la escritora, de niña, después dejar a su madre y a su amiga que se acomodaran en los asientos de atrás, se sentaba invariablemente entre ellas. Y cuando el coche iniciaba su marcha les decía: “Ahora hablad”. Su madre y su amiga se ponían a hablar por los codos, y ella no se perdía ni una sola de sus palabras, aunque muchas veces no llegara a entender exactamente lo que llegaban a contarse. Más tarde, en sus memorias, recordaría esta escena para reflexionar sobre su condición de narradora. Aún más, Edurora Welty llega a decir que jamás ha escrito un sólo renglón que no haya oído previamente. No se trata de oír a nadie en particular, sino escuchar esa voz interior, claramente humana, que es la voz del cuento o del poema. Vamos en el asiento de un coche y pedimos a los que nos acompañan que empiecen con sus conversaciones. Eso es leer: situarnos en el corazón de la escucha".

Hace años leí un texto de Gustavo Martín Garzo en el que reconocía que había aprendido a amar la literatura, las novelas, leyendo los libros escritos por mujeres, que ellas fueron las primeras en contar sus vidas. Me gusta encontrarme con hombres que reconocen autoridad a las mujeres. Y me gustan las historias que cuenta Gustavo Martín Garzo.

jueves, 17 de febrero de 2011

Bendigo mi sexo


No me considero parte del rebaño. El rebaño es bueno para olvidar las lecciones que contiene el pasado, yo no. La mayoría de las personas son hábiles para hacer desaparecer los errores, creen que jamás los cometieron, pero sólo consiguen volver, una y otra vez, a cometerlos. No es fácil esta facultad de que he sido dotada. Me hace estar muy atenta, más cauta de lo que nunca fui. Creo que he pasado a ser una de esas "almas antiguas" que reconocemos en las personas sabias y ancianas, pero a mí todavía me quedan muchos años para seguir aprendiendo. A veces extraño el empuje de leona que me llevó a tomar decisiones a puro golpe de intuición, pero sé que no he perdido el valor de tomarlas, sólo la rapidez del zarpazo.

En nuestra sociedad actual, somos más ricos económicamnte porque no postergamos la educación de nuestra gente y es en ellos y en sus vidas cotidianas donde decidimos invertir nuestros recursos. Somos más ricos, sobre todo, porque hemos eliminado la más antigua forma de explotación; la de las mujeres, y así nadie aprende desde la infancia que un sexo es mejor que otro. Hay brotes, claro; no somos una sociedad perfecta, tampoco lo pretendemos. La verdad es que reconocernos humanos es saber que siempre habrá nuevas luchas y retos, pero bueno, avanzamos. Un pie delante de otro.

No puedo más que estar agradecida a todas las extraordinarias mujeres, algunos hombres también, que abrieron el paso hacía la igualdad. Algunas han rodeado mi vida, mi abuela principalmente; otras las conozco personalmente; las más, me iluminaron con sus palabras (Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Gioconda Belli, Chavela Vargas, Frida Kahlo, etc.). Todas ellas son artífeces de esta ruta que vamos recorriendo las mujeres modernas acompañadas de los duendes mágicos de los hombres. Nos empeñamos en hacer realidad el sueño de equiedad y justicia largamente postergado al que tenemos derecho y que, sin duda, lograremos conquistar no sólo por nuestra propia felicidad, sino por el bien, la armonía y el brillo de este hermoso planeta que habitamos.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Compartiendo poesía

Fotografía de Paloma Navares

Infiltrada en un hueco
del día
me acuerdo de ti.
Y busco las orillas
más cercanas
a tu vida
para agotar
el triste sentimiento
que no quiere
perderte.

(Chusa Amézquita)

jueves, 3 de febrero de 2011

Cargas


Los hombros

Cuando en la ducha paso la esponja por mis hombros
de vez en cuando me acuerdo de Atlas:
vaya trabajo el suyo cargando con el mundo.
Esta historia como todos sabemos viene de la Mitología
pero siempre he pensado que la Mitología
viene de la vida.

Viene de esa vieja costumbre que tiene el hombre y la mujer
de cargar sobre sí casi cualquier tipo de peso:
el de la culpa, el de la  responsabilidad, el del dolor
y hasta puede que el peso abrumador de la felicidad.
Porque de lo que no cabe duda es de que en esta vida todo pesa.

Tal vez por eso nuestro esqueleto tiene hombros.
Y de vez en cuando mientras resbala el agua por mis hombros
pienso que lo que hace es descargarlos de tanto peso como soportan.
Aunque tampoco hay que olvidar
que ese peso es el que ha conseguido seguramente
que algunos cuerpos caminen con la elegancia y el equilibrio
de los dioses de la vieja Mitología.

Francisca Aguirre. Historia de una anatomía.
Hiperión, Madrid, 2010.

He querido empezar el mes de febrero y mi nuevo blog con este poema de Francisca Aguirre que me recuerda esa costumbre que tenemos de cargar sobre nuestras espaldas muchos pesos, como ella dice, "el de la culpa, el de la  responsabilidad, el del dolor y hasta puede que el peso abrumador de la felicidad", y recordarlo me permite también soltarlos por un rato, mirar hacia el horizonte, estirar mis brazos e iniciar un nuevo vuelo.

INCIPIT VITA NUOVA